El Artista

Ramón Espuny, formado en la escuela del maestro italiano Paolo Castellani, nos ofrece en este sitio web una amplia muestra de su arte creativo basado en la técnica de pintura al fresco. Arena, cal, pigmentos naturales… instrumentos pictóricos de tradición milenaria, adquieren en sus manos la textura y la fuerza de una obra sorprendente y mágica.

En sus diversas colecciones, la Menina ha sido objeto monotemático de su inspiración: interpretación del original velazqueño, creación de formas, volúmenes y texturas cromáticas plasman su visión personal de la misma, lograda en incansable búsuqeda por los ocultos senderos de la creación artística.

La Menina, de medio cuerpo o cuerpo entero, sigue siendo el punto fuerte de la presente exposición, pero enriquecida ahora con otros temas, paisajes, marinas… nuevos pretextos para el permanente objetivo del artista.

Lo que más atrae de estas colecciones es la maestría con que se conjugan, en la individualidad de cada cuadro, la robustez y pureza de los materiales y la armonía y vistosidad del color, la ingenua secillez de la forma y la fuerza expresiva del conjunto. Impacto visual y simetría de colores: no hay crítica social, ni pintura de la realidad sino arte por el arte.

Obra de calma y silencio. Elegante hieratismo majestuoso de la Menina: nueva sabia que da vida al arte del color…

Podemos decir que el nexo común de su pintura es su propia metodología formal y expresiva: trazos y contornos en austeridad compositiva, pero trazo dinámico, libre y depurado que le caracteriza.

“Crea belleza y con ella sembrarás le semilla de la divinidad”, decía F. Schiller. Es lo que ha hecho Ramón Espuny. De su obra, por tanto, emerge la poesía, poesía de la cosa sin importancia, pero captada por su ojo y corazón transmitiendo vibraciones lumínicas y cromáticas hasta el punto de cautivarnos con su magia…

De esta manera, pues, le son aplicables los versos del poeta:

“¿Más el arte?
Es puro juego,
que es igual a pura vida,
que es igual a puro fuego.
Veréis el ascua encendida” (A. Machado)